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    ¿Holocausto u Holocuento?
    Por Xentor Xentinel
     
    ¿QUÉ ES EL REVISIONISMO HISTÓRICO?

    ¿MURIERON REALMENTE SEIS MILLONES? Esta es la pregunta más fácil pero más peligrosa de contestar en el mundo de hoy, pues se refiere, lógicamente, a la archipublicitada matanza de judíos durante la Segunda Guerra Mundial en Cámaras de Gases y Hornos Crematorios. Atreverse a denunciar esta mentira monstruosa significa perder su trabajo y hasta sus títulos a prestigiosos catedráticos de diversas nacionalidades, su acceso a publicaciones y editoriales para historiadores honestos, y hasta la salud o la VIDA a ellos y otros REVISIONISTAS.

    Pedro Varela, de España, debe enfrentar una posible condena de 23 años por «participación en genocidio» por el hecho de haber negado el Holocausto. En Austria existen prestigiosos autores presos por negar el Holocausto y la Fundación Simón Wiesenthal ha buscado por varias maneras el hacer que en los países de Sudamérica se levanten leyes contra los negadores de esta farsa, especialmente en Chile, insistiendo a través de las organizaciones judías (ya que Chile es casi el último país en donde el Revisionismo no está proscrito por ley). Ya lo consiguieron en parte en Argentina. No obstante, su arma más efectiva en los medios de comunicación y en las conciencias de la muchedumbre es el desprestigio de todos los autores suscritos a la causa del Revisionismo Histórico.

    Los Revisionistas, en general, han sido acusados de ser «neo-nazis» y pseudosabios buscando esconder la masacre de los millones de judíos muertos. A pesar de que trabajan desde el final de la guerra, se dice por lo general que habrían aparecido sólo en estos «últimos años» pretendiendo despertar un movimiento de simpatía por el Nazismo y que sus crímenes sean olvidados. Salvo quizás los estudiosos franceses que fueron acusados de «anarquistas antisemitas», todos los revisionistas contemporáneos han sido tildados como «neo-nazis», a pesar de que algunos de ellos son socialistas o simplemente pro-palestinos, o bien no tienen filiación alguna más que con la Verdad.

    Todas las injurias son descaradas mentiras, pues entre los Revisionistas figuran incluso AUTORES JUDÍOS (que citaremos más adelante) que no creyeron en el Holocausto que predican los Sionistas. Sin ir más lejos, uno de los primeros Revisionistas fue el profesor francés Paul Rassinier, un prestigioso intelectual socialista detenido en el Campo de Buchenwald entre 1943 y 1945 (donde se pretende que habrían tenido lugar algunos de los más grandes horrores, como las «lámparas de piel humana» y otros), y allí nunca vio las ejecuciones ni los gaseamientos que se suponen allí ocurridos, por lo que decidió contradecir la farsa de los «seis millones» poco después de haber terminado la guerra, desarrollando una gran investigación, y a pesar de haber sido condecorado con la Medalla de la Resistencia. Sus investigaciones han servido de base a posteriores trabajos de revisión.

    La verdad es que no hay tantos y tan prestigiosos Nazis entre el Revisionismo como lo señalan los Holocaustófilos. Sin embargo, si el Sionismo teme el trabajo de los Revisionistas, POR ALGO SERÁ.

    Otra arma de desprestigio que usa el Sionismo, es hacer creer (especialmente a través del cine) que los Revisionistas intentan comprobar que los muertos del Holocausto serían «sólo» tres millones y no seis, como si el debate fuera sólo un asunto cuantitativo. La verdad es que los Revisionistas HAN DEMOSTRADO QUE LA TOTALIDAD DE LOS 6 MILLONES DE JUDÍOS ASESINADOS EN UNA SUPUESTA «POLÍTICA DE EXTERMINIO» ES UNA FARSA, NI UNO MAS, NI UNO MENOS.

    Para proteger la sagrada mentira de los seis millones, se han utilizado maniobras que parecen casi de ciencia ficción, especialmente para ahogar cualquier intento serio de demostrar su falsedad. Así, cuando en 1995 la revista japonesa de economía y negocios «Marcopolo» publicó un inocente comentario señalando que «cada vez eran menos las razones para creer que en la Alemania Nazi habría tenido lugar un Holocausto» de judíos y gitanos, el todopoderoso Sionismo Mundial movió sus hilos y consiguió que tanto la revista como el peridista respectivo fueran sancionados sin ajuste a ninguna legislación existente, y que la «Marcopolo» no pueda hacer POR EL RESTO DE SU EXISTENCIA, cualquier otra referencia sobre el Holocausto.

    Se acusa a otros Revisionistas, como al inglés David Irving, de ser un simpatizante del Nazismo, poco objetivo, o directamente un «Neo-Nazi», lo que también es falso. Irving defendía la idea del Holocausto hasta mediados de los años '80, creyendo que era cierto y cayendo en el dogma de todos los historiadores como él. Sin embargo, como no existe ningún documento o participación oficial de Hitler que compruebe históricamente el Holocausto, Irving, sin poder renunciar al dogma, suponía que el Führer nunca supo de los gaseamientos en masa de los campos y que éste exterminio era llevado en secreto por nazis de menor jerarquía. Sólo a partir de los espectaculares descubrimientos de los Revisionistas de esa década —entre ellos el Informe Leuchter, del que hablaremos— los hechos convencieron a Irving de la inexistencia del Holocausto y desde entonces se ha sumado por completo a la causa de la Revisión Histórica. Un durísimo golpe al Sionismo y los Holocaustófilos, que no le perdonan y que ha castigado recientemente, con una condena en su contra por una corte inglesa por «apoyar un genocidio» y «negar el Holocausto».
     

    En esta sección expondremos sólo algunos de los principales argumentos del Revisionismo para desmentir esta monumental mentira de los millones de muertos, que han sido la excusa con la cual se detiene cualquier análisis serio y objetivo del Nazismo Alemán y de la Segunda Guerra. Todo empieza y termina en el tema de los 6.000.000 y cualquier otra visión del Fenómeno Nazi, por parcial que sea, será confrontada con esa muralla insalvable llamada Holocausto... Pero sus bases son de barro.

    Incluso, existen autores judíos que han tenido la valentía de negar aquello que predica el Sionismo Mundial sobre las supuestas Cámaras de Gases: ellos son J.G. Burg («Schuld und Schicksal», editado en Munchen, 1960) y el doctor Benedikt Kautzky («Teufel u. Verdammmte», editado en Suiza, 1945). Esto desmiente a los defensores del Holocausto que aseguran que todos los Revisionistas son «Neo-Nazis» intentado encubrir el supuesto genocidio con acciones que llaman «negacionistas». Judíos como Noam Chomsky y David Cole, incrédulos del Holocuento, han sido catalogados por su propia gente como «ignorantes», «débiles mentales», «incultos», «anafabetos» y hasta supuestos «hijos adoptivos» de importantes Revisionistas en impresionantes campañas difamatorias.

    Durante las últimas décadas, los Revisionistas —que tímidamente empezaran con unos pocos autores— han acumulado una increíble y cada vez mayor cantidad de argumentos científicos en contra del mito exterminacionista, lo que ha hecho que importantes autores se retracten. Algunos historiadores de prestigio se han convertido al Revisionismo a pesar de ser constantemente menospreciados. También han logrado reclutar simpatizantes de distintas áreas profesionales, desde cada una de las cuales hacen su aporte al derrumbe del Mito Holocáustico: ingenieros, periodistas, jueces, técnicos y analistas de literatura, cuya formación científica, a diferencia de los historiadores, les exige trabajar sobre datos concretos y hechos verificables, y no meras especulaciones. Su logro más grande sea quizás el haber conseguido que declaraciones de importantes «testigos de los crímenes nazis» sean judicialmente objetadas, así como proveerse de sus propios testigos de los Campos de Concentración y de algunos honestos autores judíos apoyando la causa Revisionista. Los Exterminacionistas ven así, con espanto, como se les ha venido encima esta avalancha, cuyo primer éxito ha sido poner en discusión pública un tema que llegó a ser considerado «indiscutible» entre los axiomáticos del Holocuento.

    Ante este descalabro del mito, el Sionismo actúa con sus tradicionales recursos de la fuerza y la tergiversación intentando detener los descubrimientos y las investigaciones. Pero la ola de revelaciones no ha podido ser detenida y hoy miles y miles de personas se han acercado a la causa... Veremos por qué.



     
    EL INFORME LEUCHTER

    Uno de estos valientes Revisionistas, que enfrentó al inmenso Poder Sionista Internacional, ha sido el controvertido ciudadano canadiense Ernst Zündel, muy querido por algunos círculos de su país por su prestigio y por su simpática personalidad, quien fuera sometido a varios procesos criminales en Canadá, siendo asesorado y defendido por otros Revisionistas quienes lograron contratar al máximo experto mundial en Cámaras de Gas: el ingeniero yankee Fred A. Leuchter Jr.

    Todo empezó en la ciudad de Toronto, cuando la señora Sabrina Citron, representante del «Holocaust Remembrance Association», acusó ante la justicia al Revisionista Zündel, por «difundir falsedades sobre el genocidio» y mentir sobre las muertes de esos millones de judíos, gaseados por los locos Nazis. Por primera vez en un proceso como éste se pudo presentar como defensa todas las pruebas que se quiso y contrainterrogar a testigos.

    La defensa de Zündel, segura de lo afirmado por su cliente, tuvo una idea realmente genial y extraordinaria: contratar como perito a los máximos especialistas de USA en Cámaras de Gas para ejecuciones. Se trataba de la firma de ingeniería FRED A. LEUCHTER ASSOCIATES (Ing. 108 Bunker Hill Street, Boston MA. 02192, USA.), procurando además todas las medidas de seguridad y objetividad de parte de los investigadores, para evitar suspicacias respecto de sus conclusiones y respecto de la necesidad de la defensa de contratarlo para que realizara el trabajo, para que así no se prestara a creer que habría algún «compromiso» que afectara la verdad a la hora de entregar los resultados. Fred A. Leuchter Jr. es quien dirige esta empresa de Massachussetts, que construye y mantiene las Cámaras de Gas en las penitenciarías de EE.UU. y algunas de Canadá. Él, además, es probablemente el experto máximo que hay en el mundo sobre Cámaras de Gases y manipulación técnica de gases venenosos para ejecuciones, dados sus años de experiencia y desarrollo técnico. Ni en el menos objetivo de los razonamientos hubiese podido tildarse a este honorable ciudadano de «Neo-Nazi», ni siquiera de «pro-Revisionista», pues era absolutamente imparcial ante el tema hasta aquel entonces.

    Así, Mr. Leuchter viajó a Polonia con un equipo de especialistas y visitó los llamados «Campos de Exterminio» de Auschwitz, Birkenau y Madjanek, en los que habrían sido gaseados 4 millones, 1 millón y 200.000 judíos respectivamente, según Simon Wiesenthal, cifras aceptadas como «reales» por los historiadores. Allí, levantó planos de terreno midiéndolos personalmente y tomó muestras del piso, paredes y techo de las supuestas Cámaras de Gas y Hornos Crematorios, así como de una SALA DE DESINFECCIÓN. Su investigación en terreno fue desarrollada durante cerca de una semana y con las más absoluta objetividad y metodología científica, propia de su formación práctica en asuntos de ingeniería, sin ser cuestionada en su momento ni siquiera por la parte querellante, quien más bien reclamaba acaloradamente en su contra por el hecho de que se estuviera poniendo a prueba un «hecho indiscutible». La metodología aplicada fue presentada en forma oportuna y descrita detalladamente en sus reportes.

    Finalmente, llegó el día definitivo para esta «apuesta»...

    Analizadas todas las muestras por el laboratorio independiente ALPHA ANALYTICAL LABS de Ashland, Mass., bajo minuciosa metodología y fuera de cualquier compromiso con alguna de las partes en juicio. Se les entregó sin señalar ni el propósito ni el objetivo de las muestras, fingiendo incluso que serían parte de una «investigación policíaca», para no influir en los resultados. Su veredicto fue aplastante: más de 20 de las muestras indicaron CERO DEPÓSITO DE CIANURO, y de las pocas que sí mostraban depósitos la más alta fue de 7,90 mg. Esta concentración máxima de apenas 7,9 debe contrastarse con la muestra de la sala de desinfección que arrojó... ¡¡¡1.050,0 mg.!!!

    Esto demostró científicamente que el fatídico ZYKLON-B, nombre comercial del gas de cianuro hidrogenado o ácido cianhídrico «HCN» (suministrado por la difamada fábrica DEGESCH) se usó exclusivamente PARA FUMIGAR Y DESINFECTAR.

    En otra parte, el Informe explica por qué este gas NO ES INDICADO PARA EJECUCIONES HUMANAS, ni siquiera individuales. Y si se detectaron pequeñísimas cantidades en un tercio de las pretendidas «Cámaras de Gas», es porque algunas fueron desinfectadas con HCN.

    El HCN ya había sido utilizado con este propósito durante la Primera Guerra Mundial, en Europa y en Estados Unidos. E incluso, mucho antes en Isla Ellis de New York por el Servicio de Inmigración. Las Salas de Desinfección en las que se usa deben tener una temperatura mínima de 25,7° C y buena circulación de aire caliente seco.

    Las llamadas «Cámaras de Gas» eran, en realidad duchas, e incluso tenían canales de desagüe en el piso que llegaban al alcantarillado exterior (en otros casos, las pretendidas Cámaras de Gas corresponden también a las dependencias necrológicas, existentes en todas las grandes cárceles del mundo). Esto se verifica además en el registro de las llaves de las puertas de Auschwitz, todas ellas etiquetadas con el nombre de las salas que abrían y en las que las llaves de las supuestas Cámaras de Gas aparecen con nombres de otras dependencias normales.

    Leuchter aclara que por la absolutamente imposible aglomeración en el interior de estas supuestas Cámaras, de 800 personas en 25 metros cuadrados según los documentos de Juicio de Nüremberg (¡OJO! son 28 personas en UN METRO CUADRADO!), el aire no circularía; más aún, para calentarlo lo suficiente como para hacer efectivo el HCN, serían necesarios quemadores con seguro riesgo de explosión.

    Leuchter declaró por ello improbable que el HCN haya sido utilizado en las Cámaras, pues en estado natural y a temperatura ambiente, es de consistencia líquida. Los Exterminacionistas le han dado como bombo en fiesta a esto, argumentando que es un error y que el HCN era suministrado con presión de vapor (aunque no se ponen de acuerdo cómo y por dónde) a la Sala de Ejecución, procedimiento que lo hace tremendamente tóxico y volátil. Tienen razón, pero olvidan que otro de sus argumentos contra el informe Leuchter es que los «operarios de las Cámaras» se valían de mascarillas especiales para eludir el peligro de los gases a la hora de retirar los cadáveres de los gaseados las CIENTOS DE VECES cada día. Ambas excusas son, juntas, un zapato chino, incompatibles, pues el HCN altamente volatilizado se torna más peligroso aún, al punto de que no existe medida de seguridad relacionada con simples mascarillas antigás que pudiera evitar el contacto con un gas en un estado tan letal, impregnándolo todo, incluso las ropas y el pelo. Hubiesen sido necesarios trajes herméticos de aislación total para el cuerpo y estos jamás han sido encontrados en ningún Campo de Concentración. También resulta imposible que, trabajando con HCN volatilizado a presión de vapor, no haya habido con frecuencia una explosión, accidente grave o emergencia siquiera, dadas las condiciones de seguridad posibles en esa época... Y no existe ni un sólo registro o relato de los «testigos» del Holocausto que hable de algún accidente así.

    Esta explicación del suministro de gas por presión de vapor fue presentada sólo después de los resultados del Informe, pues hasta entonces la idea más generalizada entre los Exterminacionistas era la de que el HCN era suministrado en pastillas sólidas, depositadas en una solución que lo volatilizaba dentro de la Cámara.

    Aunque es soluble al agua y altamente inflamable, el HCN tiene la característica de impregnar los sólidos y manifestarse en forma de grandes manchas azuladas que permanecen por más de un siglo. Tales manchas NO APARECEN en las «Cámaras de Gas» ni en los Hornos Crematorios y en estos era inevitable que alguna parte del HCN de los millones de cuerpos incinerados —según la Historia Oficial— se depositara en las paredes. Los Exterminacionistas han explicado en años posteriores esa falta de las manchas azules de cianuro por las más raras formas y alternativas, principalmente porque las Cámaras habrían estado expuestas al aire libre y la lluvia, la humedad y el tiempo transcurrido literalmente las habrían «lavado», lo que es ridículo, pues el cianuro es sumamente impregnante, y permace por años sin poder ser removido, especialmente si se emplea con la regularidad que se ha descrito. Esto último es bien sabido por los médicos forences, pues se han resuelto varias veces algunos crímenes en los que el cuerpo de la víctima, al ser exhumado, presenta rastros de cianuro luego de 50, 100 ó más años. Las paredes de las pretendidas «Cámaras de Gas» analizadas tampoco tenían ninguna clase de covertura impermeble o de aislamiento de superficie, de modo que el cianuro debería permanecer hasta nuestros días peligrosamente acumulado en los muros si toda esta mentira hubiera ocurrido.

    Si agregamos que para fumigar con HCN es necesario airear una sala un mínimo de 48 horas, esto sería imposible si fueran ciertas las cifras entregadas descaradamente por los «expertos del genocidio». Además, Leuchter comprobó que las condiciones de aislamiento ambiental de las Cámaras eran absolutamente incompatibles con el supuesto de que se usaban para gaseamientos, pues el vapor tóxico hubiera escurrido causado estragos, matando a todos los presentes, operarios y presos por igual. Las puertas son simples portones metálicos con vulgares bisagras como las de cualquier puerta de un dormitorio o baño, es decir, SIN LA MAS MÍNINA AISLACIÓN CONTRA LOS GASES VENENOSOS, lo que hace por sí sola imposible la idea de que esas salas eran empleadas como Cámaras de Gases sin que en cada turno muriera intoxicado, además, todo el personal que trabajaba en las ejecuciones. Se decía que, por una pequeña mirilla ubicada en el centro de cada una de estas puertas metálicas, los operadores miraban al interior de la recién ocupada Cámara para ver si quedaba alguien vivo antes de entrar a retirar los cuerpos... ¡Hoy sabemos que hubiese bastado esa pequeña mirada al interior para intoxicar instantáneamente al imprudente observador!

    Otro error del Informe fue que, al no comprometer a la empresa de los análisis con el objetivo de las muestras, ALPHA ANALYTICAL LABS pulverizó todas las mismas para su examen. Lo correcto hubiese sido raspar el lado externo de las muestras de los muros porque, precisamente allí debería estar impregnado en cianuro. Esto ha dado una torre de especulaciones nerviosas de los Exterminacionistas a los supuestos «errores» en los resultados, intentando invalidar el Informe. Es cierto que el procedimiento de ALPHA ANALYTICAL LABS no fue el más preciso para la detección de los residuos, pero ello no explica que la mayoría de las muestras más controvertidas hayan registrado CERO cantidad de cianuro. Cero es siempre cero.

    Actualmente, las Cámaras de Gas para ejecuciones son de acero soldado o de plástico PVC, con puertas herméticas e impermeables. No tienen «mirillas» para obervar al ejecutado, sino gruesas ventanas irrompibles a prueba de cualquier filtración. Las instalaciones eléctricas son a prueba de explosiones y deben operar con una presión negativa para evitar filtraciones el exterior. Y por supuesto, no se usa el «Zyklon-B» sino que se deja caer una pastilla de cianuro de sodio en una solución de ácido sulfúrico al 18%. Contienen, además, numerosos dispositivos de seguridad para la eliminación del gas luego de la ejecución y para proteger a las personas que deben entrar en la Cámara en ese momento; incluso se debe ser lavar con amoníaco el cuerpo del ajusticiado.

    Los Hornos Crematorios analizados tampoco cumplen con los mínimos requerimientos para incinerar siquiera una ínfima parte de las cifras que entrega la propaganda. El Informe analiza uno por uno los Hornos y da las cantidades máximas de incineraciones físicas posibles, aclarando que corresponderían a un uso de 24 Horas durante todos los días que estuvieron en funcionamiento. O sea, sin mantención alguna, sin posibilidad de enfriarse ni de retirar las cenizas... ¡durante años!

    Leuchter llegó así a la siguiente y lapidaria conclusión final:

        «Después de la revisión de todo el material y de la inspección de todos los lugares correspondientes a Auschwitz-Birkenau y Majdanek, encuentra el autor que las pruebas son abrumadoras: no hubo cámaras de gas para la ejecución en ninguno de esos lugares correspondientes.

        »Es la mejor opinión como ingeniero del autor, que las pretendidas cámaras de gas en los lugares inspeccionados puedan haber sido entonces y puedan ser hoy, tomadas seriamente en consideración para tal función.

        »Terminado en el quinto día del mes de abril de 1988 en Malden, Massachusetts. Fred Leuchter Associates.

        »Firmado F. A. Leuchter, Jr.
        »1.er. Ingeniero»


    ...Con esta conclusión, todos los «Exterminacionistas» y fanáticos del «Holocausto» pueden ser tildados de mentirosos.

    ¿Por qué no lee «El Informe Leuchter»? Después saque sus conclusiones.



     
    LA EVIDENCIA ESTADÍSTICA

    Fue tal el shock causado por el Informe Leuchter entre los «Holocaustófilos», que demoraron cerca de una década en reaccionar organizadamente a los hechos y poder usar sus armas tradicionales: la desinformación y el desprestigio de sus rivales. Así, en los últimos años emprendieron una tremenda ofensiva contra el señor Leuchter (ahora convertido al Revisionismo) y a su trabajo, enviando al mismo lugar de investigación a cientos de sus representantes para rebuscar «pruebas» que refutaran el Informe. Para ello, prácticamente, nacieron organizaciones pro-judías o algunas ramas de la Fundación Wiesenthal.

    Otros, valiéndose de elementos más sucios han dado muerte incluso a algunos Revisionistas o los han atacado con esa intención. A Pedro Varela, de España, le fue destruida su Librería Europa (exactamente por los días en que le rayaban en su casa la frase «CALLA O TE CALLAMOS» y en que enfrentaría un juicio por «apoyar un genocidio») y parte del material impreso que en ella había. El Profesor Faurisson ha sido atacado por desconocidos en al menos ocho oportunidades, terminando hospitalizado. Zündell, en tanto, ha recibido bombazos y hasta cartas bomba. La primera víctima del Holocuento ya ha sido cobrada: el Profesor Duprat, asesinado en un atentado por los Holocaustófilos.

     
    En torno a Fred Leuchter se ha tejido una siniestra acción de boicoteo de su trabajo y de su prestigio. Una estrategia de los Exterminacionistas es el exaltar algunos de los errores de apreciación que cometió el señor Leuchter en sus trabajos de investigación, a pesar de todas las medidas de seguridad y objetividad que procuró. Estos errores son absolutamente secundarios y NO ALTERAN, para nada, el resultado de las conclusiones generales del Informe; incluso, fueron corregidos por los propios Revisionistas antes de ser descubiertos por sus adversarios Holocaustófilos, como en el llamado «Informe Rudolf», ya que no es raro que existan algunos tropiezos en la primera vez en 50 años que alguien intenta comprobar seriamente las fantasías literarias del Holocausto. Rudolf también ha terminado siendo perseguido en su integridad física por los «defensores de la verdad».
     

    El Informe Rudolf es un documento publicado en 1993 por el licenciado en química Germar Rudolf, el cual analiza las supuestas cámaras de gas de Auschwitz, determinando la imposibilidad química y física de que estas fueran usadas para el exterminio en masa de la forma en que fue declarada por los testigos. Hasta la fecha, este trabajo no ha podido ser refutado científicamente, al contrario, ha sido elogiado por historiadores, químicos y expertos de todo el mundo. El informe no pretende determinar por sí solo si ocurrió o no el Holocausto, sino que es un estudio que se enfoca en responder a la pregunta de si es posible realizar el gaseamiento en masa de la forma en que lo describen los testigos, con las cantidades de gas y métodos descritos por ellos, y acaba desacreditando científicamente sus testimonios, que son la piedra angular de la historia oficial del Holocausto.

    Mas información:
    http://es.metapedia.org/wiki/Informe_Rudolf

    Biografía de Germar Rudolf:
    http://es.metapedia.org/wiki/Germar_Rudolf

    Sin embargo, treinta años antes que Fred A. Leuchter, el Profesor Einar Aberg había publicado un secillo pero lapidario cálculo estadístico, en el que los pretendidos 6.000.000 de judíos no aparecían (o mejor dicho no «desaparecían») por ninguna parte. Dicho documento fue publicado en 1959 en Norniken, Suecia, y decía lo siguiente:

        «En 1938 habían en el mundo 15.688.259 judíos, según el "World Almanac" de 1947. Esta cifra fue proporcionada a dicho Almanaque por la "American Jewish Commitee" y por la "Jewish Statistical of the Synagogues of America".

        »En 1948 existían en el mundo entre 15.600.000 y 18.700.000 judíos, según un artículo aparecido en el "New York Times", del 22 de febrero de 1948, escrito por Mr. Hanson W. Baldwin, reconocido experto y de probaba imparcialidad en cuestiones demográficas, personalidad que, ni aun haciendo alarde de la mayor fantasía, puede ser tildada de antisemita. Su jefe, Arthur Sultzberger, propietario del "New York Times", y judío él mismo, es reconocido como amigo incondicional de Gran Bretaña.

        »Tomando, pues, por cierta la evaluación más alta de Mr. Baldwin, o sea 18.700.000 de judíos, resultaría que entre los diez años que mediaron entre 1938 y 1948 —período que incluye los años de la guerra de 1939 a 1945—, durante los cuales se pretende que Hitler habría hecho matar a seis millones de judíos, la población judía del mundo habría aumentado en más de 3 millones. Sí, a los efectos de la comprobación, supusiéramos que Hitler efectivamente hizo matar a 6.000.000 de judíos, nos encontraríamos con que el incremento de la cifra demográfica es realmente de 9.000.000. Es decir, un aumento de 3.000.000, más otros 6.000.000 de nacimientos, para suplir los 6.000.000 de judíos pretendidamente gasificados bajo el régimen hitleriano.

        »Teniendo en cuenta que actualmente existen en el mundo tan sólo 18.000.000 de judíos, supone ello un aumento de 9.000.000 de judíos durante los diez años que van de 1938 a 1948, o sea, un incremento total (en sólo diez años) del 50%, cosa imposible, incluso para una raza sexualmente tan desenfrenada como la judía. Aún cuando todo judío, físicamente apto, se hubiese dedicado exclusivamente, día tras día, durante las 24 horas, en los años de 1939 a 1949 a la procreación, con cada una de las mujeres de su raza, en plena pubertad, el que pudiesen haber llegado a engendrar en diez años 9.000.000 de judíos, estaría absolutamente en pugna con las leyes de la eugenética».


    Vale precisar que, promediando las cifras extremas de judíos existentes en el mundo en 1948, según Mr. Baldwin, obtenemos por resultado 17.150.000 judíos. Vemos que la estadística poblacional no sólo aumentó normalmente con relación a los 15.688.259 de 1938 (en diez años) sino que registró un incremento en el ritmo de nacimientos judíos en años anteriores, de modo que los pretendidos 6 millones no aparecen por ninguna parte.

    Y aún tomado la menor de las cifras de Balwin, que coincide con la de 1938, es decir, cerca de exageradamente pocos 15.600.000 judíos en el mundo, pretender que de esa cantidad de judíos vivos pudieron producirse 6.000.000 de nacimientos en diez años (y exactamente en los tormentosos años de la guerra, en ghettos y en albergues de refugiados, y durante sus penosas migraciones al recién fundado Estado de Israel), para suplir los otros 6.000.000 de muertos y dejar la cuenta saldada en cero, es realmente imposible y fuera de toda lógica de ciencias poblacionales y etnográficas.



     
    CAMPOS DE TRABAJO, NO DE «EXTERMINIO»

    Las Cámaras de Gases y Hornos Crematorios sólo fueron denunciados en aquellos Campos del Trabajo Remunerado, conocidos como «Campos de Concentración» y hasta «Campos de Exterminio», ubicados dentro del territorio alemán y europeo que cayó en poder soviético y a los cuales no tuvieron acceso los periodistas internacionales ni la Cruz Roja, paso libre que sí tuvieron al resto de dichos Campos sin que se detectaran esas u otras atrocidades. Allí permanecieron, tentando la pluma de muchos historiadores fascinados con el halo de misterio y enigma que producía la presencia de esos Campos al otro lado de la Cortina de Hierro, en extraños países llenos de intrigas y secretos...

    La Cruz Roja tuvo durante toda la guerra acceso total a todos los Campos sin que jamás fueran denunciadas las famosas Cámaras y Hornos. Más aún, terminada la guerra, la Cruz Roja (que incluso controlaba la correcta alimentación de los internos) informó oficialmente que los judíos muertos entre 1939 y 1945 fueron unos 300.000. MUERTOS, NO ASESINADOS, por lo que nos extraña la increíble cantidad de «sobrevivientes» que incluso hoy en día siguen rapiñando indemnizaciones, inicialmente solicitadas al gobierno de la República Federal. Lo que más sorprende es que no las pedían a la desaparecida República Alemana Oriental de los comunistas...

    Prácticamente no hay judío anciano que no haya sido «sobreviviente» de un Campo; prácticamente no hay judío joven que no haya tenido un pariente en uno de estos Campos y prácticamente no hay judío que no haya llegado él o sus ancestros a un país cualquiera «huyendo del Holocausto», como si la repartición de la diáspora judía en el mundo hubiese sido un fenómeno reciente. A pesar de esto, hay abiertos desafíos a quien pueda comprobar que efectivamente fueron ejecutados judíos en cualquiera de los Campos de Concentración durante el Régimen Nazi alemán:

    * La Federación de Ex-Combatientes de Alemania ofrece DM 10.000.
    * El historiador inglés David Irving, 1.000 libras esterlinas.
    * La Revisao Editora de Brasil 6.000.000 de cruceiros.
    * El Instituto de Revisión Histórica de EE.UU, que ofrece US$ 50.000.

    Muchos las han pretendido, pero aún siguen disponibles. NADIE PUDO COMPROBARLO JAMÁS. Increíblemente, el Instituto de Revisión Histórica Estadounidense, fue demandado por un «sobreviviente» por US$ 17.000.000, alegando que la oferta antes señalada «le ha hecho perder el sueño» y que la misma sería un intento de manipulación de la verdad.

    Ya vimos que las investigaciones de los Revisionistas les han valido ser perseguidos y difamados por los «Exterminacionistas», incluso con la evidencia de los resultados del Informe Leuchter, hecho a partir de un juicio muy espectacular que terminó a fines de los años '80 en un proceso sensacional e histórico, cubierto por todos los medios de información canadienses y en el que se demostró jurídica y legalmente la imposibilidad del Holocuento, como hemos descrito más arriba.

    Pero la verdad es que la falsedad del Holocuento se puede comprobar sólo con los datos estadísticos que circulan por todo el mundo, muy parecidos a los realizados por Einar Aberg, bastando para ello sencillas operaciones matemáticas que parece que nadie quiere hacer. Así, según la «Chambers Encyclopediae» había un total aproximado de 6.500.000 judíos en Europa antes de la Segunda Guerra. Si la historia de los «6.000.000» fuera verdad, esto significa que casi todos habrían sido «exterminados» (aunque algunos hablan de «siete u ocho millones de muertos»).

    En Suiza, la «Baseler Machrichten» estableció, basándose en datos estadísticos, que entre 1933 y 1945 emigraron cerca de 1.500.000 judíos a Gran Bretaña, Suiza, España, Portugal, Australia, China, India, Palestina, Estados Unidos. Esto es confirmado por el periodista judío Bruno Blaut, que cita la misma cifra en el diario judío de New York «Auf Bau» el 13/08/48. De estos, unos 400.000 salieron de Alemania antes de Septiembre de 1939. El Instituto de Emigración Judía de Praga concretó a partir de Marzo del 39 la emigración de 260.000 judíos residentes en la ex-Checoslovaquia. Después de Septiembre de 1939 quedaba un total de 360.000 judíos en Alemania antes de la guerra. El número de judíos provenientes de otros países europeos (Francia, Holanda, Italia, Europa Oriental, etc.) es de unos 120.000. Este éxodo de judíos antes y durante la guerra rebaja alrededor de 5.000.000 el número de judíos en Europa. Recuérdese además, que deben agregarse los emigrantes que se refugiaron en la URSS, que más tarde son evacuados.

    En la revista «Colliers», del 9 de Junio de 1945, Frelling Foster habla de los judíos de la URSS y explica que para escapar de los Nazis, 2.200.000 se refugiaron en la URSS a partir de 1939. Con esta emigración a la URSS se redujo a 3.500.000 el número de judíos que se encontraba en los países ocupados por Alemania. Más de la mitad de los judíos que emigraron a la Unión Soviética en 1939 venían de Polonia. Se afirma a menudo que 3 millones de judíos cayeron bajo el control alemán cuando se invadió Polonia y que casi en su totalidad fue exterminada (se habla incluso de 6 millones ¡sólo en Polonia!), pero eso es falso: el censo de 1931 de la población polaca indica en forma oficial e indiscutible que la presencia de sólo 2.732.600 judíos en Polonia (Reitingler «Die Endlosung», pág. N° 36). Éste afirma que había al menos 1.170.000 judíos polacos en la zona ocupada por los rusos, de los cuales un millón —por lo menos— fueron evacuados a los Urales y Siberia meridional, por la invasión alemana de Junio de 1941.

    La naturaleza de los Campos de Trabajo del Tercer Reich, recordados como «Campos de Exterminio», queda de manifiesto en las entradas de cada uno de ellos. El de Mauthausen, por ejemplo, luce en su entrada principal la frase «EL TRABAJO DA LIBERTAD», el de Auschwitz dice «EL TRABAJO ES PROGRESO» y el de Treblinka se presenta con el título: «CAMPO DE TRABAJO DE TREBLINKA». Algo muy distinto de los verdaderos Campos de Exterminio, usados por los Sionistas a lo largo de toda su historia: contra los colonos holandeses de Sudáfrica durante la Guerra de los Boers, contra los croatas en Servia y contra los palestinos en el Medio Oriente.

    Los historiadores caen además en absurdas contradicciones cuando aseguran que los judíos prisioneros eran alimentados de un modo terriblemente deficiente, mientras se les hacía trabajar como esclavos cargando pesadas rocas o atos de madera, acto que es médicamente imposible de ejecutar en condiciones de ayuno constante, como se asegura que eran mantenidos. Por otro lado, se dice siempre que en los Campos de Concentración los Crematorios funcionaban día y noche, lo que queda como una evidente mentira al observar todas las fotos que tomó la inteligencia aliada de los campos durante la guerra, y en las cuales NO SE VE NINGUNA CHIMENEA EMITIENDO HUMO desde su boca, imágenes que frecuentemente acompañan los mismos textos de historia que fomentan el mito de los Crematorios.

    [Click aquí para continuar leyendo la parte 2 del artículo]

     


    Fuente: http://xentinels.blogspot.com/2008/12/holocuento.html
    Categoría: Historia, revisionismo y NWO | Ha añadido: JavierOrozco (2011-Jun-23) | Autor: Anónimo
    Visiones: 888 | Comentarios: 1 | Ranking: 5.0/3
    Total de comentarios: 1
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    1 Banthas   (2012-Mar-30 11:47 AM)
    No hay nada mas puro y hermoso que la verdad, rompe las cadenas de esta materialidad!!! Gracias por los artículos es hora de que muchos sepan lo que realmente sucedió happy

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    Tiene el toque de antigüedad y nobleza que hacen de este escudo algo muy original. La corona representa la realeza, el cuervo a Enki y en heráldica esta ave representa a un guardián, un protector y encima este cuervo sostiene una espada con la que va a proteger a los suyos. Los dos leones de Isis, en heráldica representan valor y esfuerzo de los caballeros que han ejecutado alguna atrevida empresa, valiéndose más de la astucia que de la fuerza. En este caso son dos leones rampantes y tenantes que sostienen el escudo cuartelado con los sigils de la Corona, o los símbolos de los seres de mayor jerarquía que poseemos, los Dioses. Al centro figura el símbolo del orígen de la sabiduría hiperbórea. El lambrequín está tirado para atrás y tiene una coloración distinta y polarizada (rojo y azul) y rematamos a esta obra con nuestro grito de guerra que dice: "La decisión de ser un dios es tuya".

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    El Águila bicéfala representa el dominio de dos lugares, se remonta su uso a las culturas humanas mas antiguas, Sumeria representó con este símbolo el dominio de oriente y occidente. Luego, este símbolo fue tomado por las culturas que le sucedieron y se estandarizó su uso. Ahora nosotros los herederos de la corona, usamos este símbolo para representar nuestra presencia tanto en este plano como en el otro.